Ya tenía yo pensado subir dos versiones de la gran Sinfonía No. 3 en si bemol mayor Op. 55, Heroica, cuando uno de los amables visitantes de la página llamó mi atención a la reciente grabación de esta obra por parte del Ensemble 28, bajo la dirección de Daniel Grossmann. Por eso, decidí subir, además de las dos versiones que ya tenía contempladas, agregar esta otra recomendada, a fin de que ustedes puedan tener una visión panorámica de esta absoluta obra maestra que abrió las puertas al Romanticismo. Para comenzar, una simple comparación de los tiempos de duración de las tres grabaciones en cuestión nos servirán como un buen punto de partida. Estos son los tiempos de la grabación de Grossman.
LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)
Symphonie Nr. 3 Es-dur op. 55 "Eroica"
1) Allegro con brio -- 16:30
2) Marcia funebre. Adagio assai -- 11.14
3) Scherzo. Allegro vivace -- 5:49
4) Finale. Allegro molto -- 10:46
Daniel Grossman
Ensemble 28
Estos son los tiempos de la soberbia versión de Sergiu Celibidache al frente de la Filarmónica de Munich:
LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)
Symphonie Nr. 3 Es-dur op. 55 "Eroica"
1) Allegro con brio -- 16:35
2) Marcia funebre. Adagio assai -- 19.14
3) Scherzo. Allegro vivace -- 6:53
4) Finale. Allegro molto -- 14:28
Sergiu Celibidache
Münchner Philharmoniker
Y estos son los tiempos de la magistral versión de Frans Brüggen al frente de la Orquesta del Siglo XVIII:
LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)
Symphonie Nr. 3 Es-dur op. 55 "Eroica"
1) Allegro con brio -- 18:22
2) Marcia funebre. Adagio assai -- 13.09
3) Scherzo. Allegro vivace -- 5:35
4) Finale. Allegro molto -- 12:06
Frans Brüggen
Orchestra ot the 18th Century
Una primer vistazo a los tiempos de duración parece indicarnos que incluso la versión del usualmente lento Celibidache resulta más corta casi en dos minutos que la de Brüggen y casi idéntica a la de Grossmann. Esto de entrada sorprendería a más de uno, especialmente a un comentarista en Amazon que señala que el primer movimiento de la versión de Grossmann es la más rápida de cuantas se hayan grabado –eso dependería de qué entendemos por rápido. Pero al escucharlas comparativamente, descubrimos que, auditivamente, la versión del gran rumano resulta mucho más lenta de lo que parece en duración. Por el contrario, la de Grossmann resulta mucho más veloz que la de Brüggen. ¿Por qué razón? Obviamente por el tamaño de los instrumentos y de los arcos de las cuerdas, que al ser mucho más grandes que los instrumentos de época tardan más en recorrer las cuerdas. Esa mayor distancia hace que todo sea más lento, pues los instrumentos de la época de Beethoven, al ser más pequeños, recorren menor distancia en menos tiempo. Esa es una explicación meramente física que exp0lica por qué las interpretaciones con isntrumentos de época suelen ser más rápidas que las de instrumentos modernos –bueno, esa es parte de la respuesta. También hay cuestiones de afinación y de tempi que hoy son distintas a las de aquellas épocas.
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Para empezar, la versión de Grossmann tiene un sonido en verdad espectacular, claro y nítido. Y de acuerdo a la información del mismo disco, la orquesta se reduce al número exacto de integrantes que tuvo la orquesta que dirigió Beethoven cuando estrenó la obra en 1804. Esto no es exactamente una novedad. Ya cuando compartí con ustedes todo el ciclo sinfónico beethoveniano con la Hanover Band, les indiqué la exacta dotación músico-intrumental de cada una de ellas, por lo que decir que esta versión es la primera que toma nota de los músicos exactos requeridos por Beethoven no es precisamente una novedad –más bien sería una estrategia de mercado y nada más. Las diferencias de tempi con respecto a la versión de Frans Brüggen que ya había compartido hace tiempo con ustedes no son tan notables a primera escucha, pero ya en los detalles se pueden observar, o escuchar más bien, notables diferencias. La primera es que sí hay una mayor rapidez en esta nueva versión. No mucha, pero lo suficiente para que ciertos detalles de dinámica instrumental e interpretativa se pierdan. particularmente notable en el segundo movimiento, la Marcia funebre, que en la versión de Grossmann resulta más notoria pues pierde, debido a esta ligera variación en la rapidez, toda la carga dramática. Sin duda, el brío de esta interpretación es notable, y favorece en particular al primer movimiento, pero perjudica al conjunto. Particularmente notable es el sonido de las maderas, y en especial los metales en el Finale, que simplemente suenan en verdad impresionantes.

Por su parte, la versión de Celibidache es, a su manera, un prodigio. Digo a su manera porque esos tempi tan lentos (que en los hechos no son tan lentos como parecen), debidos a lo ya señalado antes, le permiten al discípulo de Furtwängler deslizarse por la partitura con una suntuosidad y elegancia pocas veces vista y escuchada. El denso y pesado sonido de los violines modernos la hacen algo pesada al oído para la ligereza alada de la versión de Grossmann. Por supuesto que aquí la Marcha fúnebre parece una losa impresionante; hay que escuchar los violonchelos en la zona derecha, al fondo del registro, para no evitar pensar en Shostakovich. Esta pesadez de las cuerdas, me parece, le quita el dramatismo que debería tener este movimiento. Aún así, el cuidado en el detalle que esta lentitud le permite a Celibidache resulta simplemente espectacular. Espectacular, repito, pero no dramático. Si he de ser totalmente honesto, me parece que a esta versión de Celibidache le falta espíritu, alma. En su impecabilidad –que no precisamente transparencia–, en ese exceso de lentitud en este movimiento, la obra parece perder su vitalidad. Todo el drama histórico y personal que hay detrás de este movimiento simplemente ha desaparecido. Todo está allí, menos el alma, el pathos que debería hacer vibrar al escucha. En lugar de eso, estamos ante un registro de enorme cuidado, impecable, casi de desmontaje musical –deconstructivo en cierto sentido– pero que carece por completo de vida. Aún así, el sonido de las cuerdas es en verdad apabullante, como no recuerdo haber escuchado otro en orquestas modernas.

Algo muy distinto ocurre con la insuperable versión de Frans Brüggen, con la cual la de Celibidache comparte algo (también con la de Grossmann, pues las tres son grabaciones en vivo), pues las dos fueron grabadas el mismo año. La de Brüggen en noviembre y la del rumano en abril de 1987. Dije que la versión de Frans Brüggen es insuperable, y lo es. En esta versión se escucha absolutamente todo. Su claridad es como el alba que la misma sinfonía anuncia, el alba del Romanticismo. Todo lo que éste anuncia se escucha con una claridad meridiana que ninguna otra versión alcanza –no al menos de las que he escuchado, más o menos una docena y media, casi dos. En particular, por supuesto, la Marcha fúnebre, aquí sí, llena de un dramatismo inconmensurable. Aquí escuchamos todo el drama interior de Beethoven y de la época que le tocó vivir, pero también de la que él inaugura. La orquesta suena soberana y nítida, nunca se pierde un detalle, no sólo está todo lo que escribió Beethoven, está también todo lo que quería que escuchásemos: la música y su alma, su espíritu y su enorme vitalidad. este es un cuerpo vivo que nos acosa y nos sacude por mor de su expresividad. aquí no hay una sola exageración. La dinámica instrumental es perfecta, la fluidez de los movimientos es perfecta. No hay un solo instante en que sintamos apresuramientos (como ocurre por momentos en la versión de Grossmann, o en las irregularísimas versiones de Gardiner, por poner otro ejemplo) ni amaneramientos. El extremo cuidado de Brüggen está al servicio de una música soberbia, en la que quien se luce es el compositor, y los músicos son el vehículo perfecto para decir lo que tiene que decirnos. La absoluta transparencia y claridad de esta versión no se debe a una extrema lentitud, sino a una pavorosa comprensión de las dinámicas internas de la partitura y de los intrumentos, en una conjunción simplemente insuperable, que parece abarcarlo todo: espacio, tiempo y existencia. de ninguna otra versión se puede decir lo mismo. Una obra maestra vuelta nuevamenye obra maestra merced a un conjunto orquestal en estado de gracia. Un disco simplemente IM-PRES-CIN-DI-BLE.

Al reponer esta versión de Frans Brüggen con respecto a la primera vez que la compartí debo señalar que en esta ocasión aparece a 320 kbps, al igual que la de Celibidache y la de Grossmann. Las tres vienen en un archivo winrar que al descomprimirlo les dará tres carpetas separadas, una para cada disco, y como ya saben, cada disco viene perfectamente etiquetado para iTunes.